Sandra Martínez Arroyo



Soy politóloga (graduada en Ciencias Políticas) desde hace un año y trabajadora precaria en el sector de la hostelería (camarera) desde hace cinco. Entré en la Universidad Complutense en el mismo año que rompe el 15M en un momento de intensa agitación y de un movimiento estudiantil que coge fuerza movido por la necesidad de hacer frente a una subida de tasas, principalmente.

A lo largo de la carrera he ido desarrollando cada vez mayor interés por todos los temas sociales y ampliando y mejorando mi visión crítica con respecto a la realidad. Los estudios me han permitido dar una base teórica al sentimiento de incomodidad con un sistema que, como hija de obreras y obreros, considero profundamente injusto. La carrera también me ha permitido desarrollar inquietudes hacia cuestiones como la desigualdad de género, que me ha llevado a participar de forma activa en la asamblea feminista Mujeres Libres de Guadalajara. Mis inquietudes y mi inconformidad con el orden establecido también me llevaron a empezar a militar en Juventudes Comunistas y en Izquierda Unida como espacios desde los cuales trabajar por un cambio en favor de mi clase, la clase obrera.

Como trabajadora, he vivido lo que significa trabajar casi dos jornadas en una semana (70 horas) cotizando 20, viviendo en primera persona la precariedad a la que se ven sometidas las personas que trabajan en el sector de la hostelería. Actualmente, aunque mi trabajo cumple la legalidad, continúo viviendo en primera persona la precariedad a la cual se ve abocada la mayoría de la juventud (la mayor parte de la plantilla de mi empresa es menor de 25 años), aun teniendo estudios superiores. Además, ni siquiera he conseguido trabajar precariamente en mi ciudad, sino que tengo que desplazarme diariamente a la capital.

Por todo ello, considero lo importante que es trabajar por una transformación social, y trabajaré y colaboraré en todos aquellos espacios que considere que puedan servir a esto. Esa es la motivación de presentarme en esta candidatura, para comenzar a reconstruir una ciudad que sirva a las y los trabajadores y podamos construir una verdadera ciudadanía. Comenzar a cambiar una ciudad que sirva a los intereses públicos por encima de los privados. Que garantice un futuro a su juventud y que esta no se vea obligada a exiliarse o considerar esta ciudad una simple ciudad dormitorio. Hay que conseguir que la ilusión por una ciudad mejor se extienda y que cada vez seamos más quienes trabajemos y colaboremos en esta dirección.
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